Portavasos

Estoy en el rincón de una cantina...

Estoy en el rincón de una cantina...

Llegó a casa, cansado, pensando, triste y mojado. Tengo demasiado sueño, el día fue pesado, peor de lo que pude alguna vez imaginado. Aviento la bolsa a un sillón, al momento de abrirla veo un regalo. Un regalo que me recuerda lo que no es, y probablemente no será. Debajo está una chamarra que de nada hubiera servido bajo la lluvia, pues la lluvia es lo que menos molestaba.
Veo nuevamente el regalo, un regalo que me recuerda lo pésimo que fue el día, un regalo que debería traerme alegrías pero me trae recuerdos tristes, un regalo que me recuerda lo estúpido que soy, un regalo que me recuerda que debo permanecer callado, un regalo que resulta como todo… sólo un secreto.

Quitó la chamarra de la bolsa, entonces veo debajo de aquel regalo inombrable, y de la chamarra inservible, lo que más necesitaba en ese momento. Ahi, como siempre, esperando, lista para la ocasión, sin ponerme ‘peros’ o darme excusas inventadas para calmar su mente. Esperando, sabiendo que no me reprocharía, sabiendo que no me dirá cosas que no quiero escuchar, ahi, tranquila, silenciosa… mi botella de tequila.

La tomo entre las manos, se que no me abandonará, que está a mi lado como todas las demás veces que la necesite. Qué podrá calmar las voces en mi cabeza, callará los reclamos, silenciará la idiotez y me dejará ser. Soy borracho no lo niego, busco un vaso para llevar la cuenta y entonces estar seguro cuando la pierda. Destapo la botella, su olor inconfundible de tranquilidad llega a mi nariz, el aroma del olvido invade mi mente, olvidar, justo lo que necesito.

Mientras sirvo el vaso puedo contarle mis penas y sé que no me responderá con un: “Pendejo” o un “Me encantaría haberte conocido antes”;  será lo que necesite en ese momento, puede ser tan callada como una roca o tan estruendosa como un relámpago. Y esa noche era silencio, tranquilidad, claridad.
Todo estaba listo, escuchaba al buen Palomas cantandole a la soledad, un buen tequila en una noche gris. Sentado en mi habitación, con la luz apagada.

Entonces veo aquel regalo que tanto odié, aquel regalo que me hizo sentir mal. Con sus ojos me retaba a probar aquel líquido que podría hacerme olvidar todo. Pero entonces una pregunta llegó a mi: “¿Que quieres olvidar?” Olvidar los grandes momentos, las risas, las tristezas, las historias, las noches fuera de su casa, los momentos que tenia que guardar silencio, las escondidas, las miradas, los besos, las caricias… ¿que?

El vaso me mira extrañado, por primera vez no estoy seguro de lo que quiero. Miro el regalo y al vaso, alternadamente, los miro y no me decido. Sé que puedo terminarme el tequila y que mi sueño esta al alcance de una llamada, provocará mucho dolor, pero obtendré lo que quiero aunque no es la forma de empezar algo, lo sé, y que cuando se llegue a enterar todo podría irse al carajo… pero no tendría por que enterarse, ¿o si?

Soluciones rápidas a mis preguntas con sólo un vaso de tequila, o sólo confusión, dudas y preguntas sin respuesta si duermo, si duermo el dolor seguirá. Lo pienso muchas veces, le doy vueltas al vaso y el olor va desapareciendo. Lo necesito, lo quiero… pero duermo; el tequila esta ahi como siempre, esperando un momento de debilidad, pero no hoy, no hoy.

Saludos
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3 pensamientos en “Portavasos

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