Elecciones 2012

Lo siento.

Pero yo no quiero ser emperador. Ese no es mi oficio. No quiero gobernar o conquistar a nadie, sino ayudar a todos si fuera posible. Blancos o negros. Judíos o gentiles. Tenemos que ayudarnos los unos a los otros; los seres humanos somos así. Queremos hacer felices a los demás, no hacernos miserables. No queremos odiar ni despreciar a nadie.

En este mundo hay sitio para todos y la buena tierra es rica y puede alimentar a todos los seres. El camino de la vida puede ser libre y hermoso, pero lo hemos perdido. La codicia ha envenenado las almas, ha levantado barreras de odio, nos ha empujado hacia las miserias y las matanzas.

Hemos progresado muy deprisa, pero nos hemos encarcelado a nosotros mismos. La maquinaria que crea abundancia nos deja en la necesidad. Nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos. Nuestra inteligencia, duros y secos. Pensamos demasiado, sentimos muy poco.

Más que máquinas necesitamos humanidad. Más que inteligencia, tener bondad y dulzura. Sin estas cualidades la vida será violenta, se perderá todo. Los aviones y la radio nos hacen sentirnos más cercanos. La verdadera naturaleza de estos inventos exige bondad humana, exige la hermandad universal que nos una a todos nosotros.

Ahora mismo, mi voz llega a millones de seres en todo el mundo, millones de hombres desesperados, mujeres y niños, víctimas de un sistema que hace torturar a los hombres y encarcelar a personas inocentes. A los que puedan oirme, les digo: no deseperen. La desdicha que padecemos no es más que la codicia pasajera y la amargura de hombres que temen seguir el camino del progreso humano.

El odio pasará y caerán los dictadores, y el poder que se le quitó al pueblo se le regresará al pueblo, y, así, mientras el Hombre exista, la libertad no perecerá.

Soldados.

No se entreguen a esos brutos que en realidad los desprecian, los esclavizan, mandan sus vidas y les dicen que hacer, que decir, que sentir. Los marcan, los alimentan, los tratan como al ganado y como carne de cañón. No se entreguen a estos individuos inhumanos, hombres máquina, con cerebros y corazones de metal.

No son ganado, no son máquinas, son Hombres. Llevan el amor de la Humanidad en sus corazones, no el odio. Ustedes no odian, sólo quienes no son amados odian, los que no aman y los inhumanos.

Soldados.

No luchen por la esclavitud, sino por la libertad. En el capítulo 17 de San Lucas se lee: “El Reino de Dios está dentro del hombre”. No está en un hombre, ni en un grupo de hombres, sino en todos los hombres. Ustedes los hombres tienen el poder. El poder de crear máquinas, el poder de crear felicidad, el poder de hacer esta vida libre, y hermosa, y convertirla en una maravilosa aventura.

En nombre de la democracia, utilicemos ese poder actuando todos unidos. Luchemos por un mundo nuevo, digno y noble que garantice a los hombres un trabajo, a la juventud un futuro y a la vejez seguridad. Pero bajo la promesa de esas cosas, las fieras subieron al poder. Pero mintieron; nunca han cumplido sus promesas ni nunca las cumplirán. Los dictadores son libres sólo ellos, pero esclavizan al pueblo. Luchemos ahora para hacer realidad lo prometido. Todos a luchar para liberar al mundo. Para derribar barreras nacionales, para eliminar la ambición, el odio y la intolerancia.

Luchemos por el mundo de la razón. Un mundo donde la ciencia, el progreso, nos conduzca a todos a la felicidad.

Soldados.

En nombre de la democracia, debemos unirnos todos.

Saludos!
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